Respondo si me llaman:

Eli, Eliana, Aliana(Los angloparlantes), Iliana(Los angoparlantes también), Elian, Elia, Elión(Los franceses), Ediana(Los niños), Elianna (Los italianos), Eliansita (Algún cachondo), Eliata (Los constipados), Liana, Lián, Alián, Lili (mi hermana) y Supereli.

Me doy por aludida y, si tengo un buen día, hasta respondo si me llaman:

Diana, Elena, Liliana, Ariana.

No me llamo ni pienso tolerar:

Emiliana, Juliana, Adriana, Oriana, Dayana, Rihana (“Algo así era ¿no? Nosequé-Ana… “); Elisa (“Te llamas Eli, dijistes. Pues Elisa“), Elisabeth(“Te llamabas Eli-algo-raro ¿verdad?“); Eliodora (“Disculpa, lo apunté deprisa y con mala letra“); America (“Tú tenías un nombre raro, de eso me acuerdo“) …

No os extrañeis si ya no me río cuando me cantéis:

¡¡¡Eli Eli Elechiguoooooo elechiguooooo, elechiguó, Eli eli eli!!


- No, no hay ninguna Santa Eliana (nunca hubo una buena)

- No, no conozco tocayas en persona aunque sé que existen, Google lo dice. Una vez conocí a una. Sólo la vi una vez y fue una sensación rarisima (¡Tú no puedes ser Eliana, impostora, Eliana soy yo!) Hace poco descubrí que  hay alguien en Brasil que se llama y se apellida como yo. Esto a un José López le puede parecer absurdo, pero yo siento que esa tocaya es como yo en una realidad paralela.

Nota final:

Sí, muy  bonito mi nombre, muy original, pero acarrea unos problemas de identidad para toda la vida, y no estoy diciendo que preferiría llamarme algo más convencional, como María,  Sandra o Yolanda, por poner algún ejemplo. Mi nombre, por si solo, es mi identidad, mi marca personal. Pero me permito dar un consejo: Pensaroslo bien cuando os toque ponerle un nombre a un inocente bebé. He dicho.